La Laguna de Llanganuco en la Provincia de Yungay

Bellas lagunas de aguas color turquesa, famosas en el Perú y el mundo, ubicadas a 84 kilómetros noreste de Huaraz, y 25 km de Yungay.

El Coloso Nevado Huascarán con su 6768 msnm en Yungay

Un día, dos amores se congelaron, luego de un tiempo estas dos aún siguen congeladas bajo una cara sonriente.

El nevado Huandoy de Yungay 6.395 msnm

El Huandoy es una de las más imponentes montañas de la Cordillera Blanca. Su nombre nativo es "Tullparaju", que proviene del vocablo quechua "tullpa" (fogón).

Desfile de estudiantes de I.E.P.E. "Sata Inés"

Es allí cuando uno conoce a los amigos del alma, a los compañeros de siempre, aquellos espíritus también errantes que se reencontrarán algún día.

Cueva de Guitarreros de la Provincia de Yungay

A 2 kilómetros del distrito de Shupluy, y a 6 kilómetros Sur de Yungay, en las faldas de la Cordillera Negra, en el Callejón de Huaylas.

Cristo Rey en el Cementerio de Yungay

Fue diseño del arquitecto suizo Arnoldo Ruska, Francisco Torres presidente de la Beneficencia Pública de Yungay autorizó y se hizo realidad.

La Laguna 69 en la Provincia de Yungay

Bellas lagunas de aguas color turquesa, famosas en el Perú y el mundo, ubicadas a 84 kilómetros noreste de Huaraz, y 25 km de Yungay.

La encontrada del Viernes Santo yungaina

El Encuentro de Viernes Santo: Momento solemne en la Plaza de Armas donde las imágenes de Jesús Nazareno y la Virgen de los Dolores se reúnen ante el pueblo.

La Plaza de Armas de la nueva ciudad de Yungay

Centro de la Reconstrucción: La actual Plaza de Armas de Yungay, un espacio moderno que mantiene viva la identidad de la "Ciudad Heroica" frente a la cordillera.

La ciudad heroica de Yungay antes del año 1970

Yungay, la Ciudad Heroica: Panorámica de la "Capital de la Belleza" y sus tejados coloniales bajo el nevado Huascarán (Pre-1970).

Puente calicanto de Yungay, antes del año 1970

Puente Calicanto (Pre-1970): Estructura monumental de piedra labrada que unía los distritos de la provincia. Fue uno de los elementos arquitectónicos más resistentes de la antigua Yungay hasta el paso del alud.

La Hermosa Colonial Plaza de Armas de Yungay antes de 1970

Yungay antes de 1970: Panorámica de la Plaza de Armas. Un equilibrio perfecto entre la arquitectura colonial, los jardines de rosas y la verticalidad de sus palmeras centenarias.

sábado, 16 de mayo de 2026

CAMPO SANTO

 🖤 YUNGAY: DEL DOLOR ETERNO AL OLVIDO Y LA VULNERACIÓN DE UN CAMPO SANTO 🏚

Reportaje especial e investigación histórica sobre el epicentro de la tragedia de 1970 y su alarmante realidad actual.
🏔️ PARTE I: EL DÍA QUE LA TIERRA LLORÓ Y EL MUNDO ABRAZÓ A YUNGAY
1. La víspera del silencio: Domingo, 31 de mayo de 1970
El domingo 31 de mayo de 1970 no presagiaba el fin del mundo. Yungay, conocida legítimamente como la "Hermosura de los Andes", amaneció envuelta en el bullicio típico de un día de fiesta y mercado andino. Era la capital cultural del Callejón de Huaylas; sus calles empedradas estaban flanqueadas por hermosas casonas de adobe con techos de tejas, balcones de madera tallada y una Plaza de Armas famosa en el continente por sus inmensas palmeras datileras, sembradas a inicios del siglo XX.
Las familias habían bajado desde los caseríos de las cordilleras Blanca y Negra para vender papas, maíz y tejidos artesanales. En las radios locales sonaban los preparativos para el partido inaugural del Mundial de Fútbol de México 70, que jugaba esa misma tarde. Los niños corrían entusiasmados hacia el circo "Verolina", que se había instalado en las afueras de la ciudad. A las 3:23 de la tarde, la cotidianidad se trizó para siempre.
2. El rugido del Huascarán: Cronología del desastre
Un violento terremoto de magnitud 7.9 en la escala de Richter, con epicentro en la costa de Chimbote, sacudió el departamento de Áncash durante 45 agónicos segundos. El sismo desestabilizó por completo la cornisa norte del majestuoso nevado Huascarán, desencadenando una secuencia mortal.
Primero ocurrió el desprendimiento. Una masa gigantesca de hielo, roca y granito de 1,000 metros de ancho por 1,500 de largo se desprendió del pico norte del nevado. Al caer verticalmente más de un kilómetro, el hielo sufrió una fricción tan violenta contra las rocas que se derritió instantáneamente, mezclándose con la tierra y transformándose en un aluvión fluido de lodo, piedras flotantes y bloques de hielo del tamaño de edificios.
La masa destructiva descendió por la quebrada de Ranrahirca a una velocidad espeluznante estimada entre 280 y 340 kilómetros por hora. El trayecto de casi 15 kilómetros desde las cumbres hasta la ciudad tomó apenas unos tres minutos. Un espeso hongo de polvo oscuro oculto el cielo, impidiendo que los pobladores vieran lo que venía; solo se escuchaba un rugido ensordecedor, similar al de cien aviones de combate juntos. Al llegar a la base de la cordillera, un cerro natural desvió la masa principal directamente hacia la milenaria ciudad de Yungay, sepultándola bajo una capa de lodo y escombros de entre 5 y 10 metros de espesor.

3. El milagro del cementerio y el destino de la mayoría
En medio del pánico colectivo, la colina del cementerio general una antigua estructura prehispánica elevada  se convirtió en el único faro de esperanza. Un pequeño grupo de pobladores, alertado por el sordo rugido de la montaña, corrió desesperadamente hacia las escalinatas de este montículo y logró alcanzar la cima justo antes del impacto. Ellos se salvaron y contemplaron desde lo alto, con horror e impotencia, el fin de su mundo.
Lamentablemente, la inmensa mayoría de la población no corrió con la misma suerte. En una dolorosa carrera contra el tiempo que no pudieron ganar, miles quedaron atrapados en las calles, plazas y viviendas, alcanzados en cuestión de segundos por el implacable aluvión de lodo y roca. Las investigaciones posteriores del Instituto Nacional de Defensa Civil (INDECI) estiman que cerca de 25,000 almas se extinguieron aquella tarde en Yungay y sus distritos.
4. La respuesta global: El abrazo del mundo
El dolor de Yungay se transformó en un catalizador de la solidaridad humana en plena época de la Guerra Fría. Las comunicaciones terrestres estaban cortadas, pero una vez que el mundo conoció la magnitud del desastre a través de las primeras fotos aéreas, la ayuda internacional fluyó de manera histórica.
Se activó un puente aéreo internacional donde aviones de la Unión Soviética y de los Estados Unidos aterrizaron en Lima cargados de hospitales de campaña, medicinas y rescatistas. Trágicamente, un avión soviético Antonov An-22 desapareció en el Océano Atlántico con 67 pasajeros y toneladas de ayuda médica con destino al Perú. Asimismo, médicos cubanos, rescatistas franceses, ingenieros canadienses y voluntarios de todo el globo se instalaron entre el lodo para atender a los sobrevivientes. Esta catástrofe motivó la creación del Sistema Nacional de Defensa Civil en el Perú, entendiendo que el país requería prevención ante la furia de su geografía.
📜 PARTE II: EL CAMPO SANTO Y EL RESURGIMIENTO EN PASHULLPAMPA
1. El estatus legal: Una necrópolis bajo el sol
Ante la imposibilidad material de excavar y recuperar decenas de miles de cuerpos sepultados bajo el lodo que rápidamente se secó y compactó como cemento, el Estado peruano tomó la decisión política y humanitaria de no reconstruir la ciudad en el mismo lugar. Yungay viejo pasó a ser, por derecho propio, un cementerio colectivo.
El 12 de octubre de 1977, mediante la Resolución Suprema N.° 005-77-ORDEZA, el área sepultada fue declarada formalmente como Campo Santo Nacional y Zona Intangible. El objetivo de esta norma no era meramente urbanístico, sino ético: salvaguardar el descanso de los caídos y erigir un memorial vivo contra el olvido.
2. El renacer de la nueva ciudad
El dolor no detuvo el espíritu de un pueblo que se negó a desaparecer de la historia. Poco después de la catástrofe, los sobrevivientes iniciaron el proceso de resurgimiento y refundación de la nueva ciudad de Yungay en una zona más segura y elevada, el sector denominado Pashullpampa.
Fue en estas tierras donde comenzó a latir nuevamente el corazón yungaino, levantando desde los escombros una nueva urbe con el esfuerzo de sus hijos y el apoyo de la cooperación internacional. Hoy, la nueva Yungay en Pashullpampa se erige como un testimonio vivo de resiliencia y de la indomable voluntad humana de volver a empezar, justo al lado de las cenizas de su pasado.
3. El marco de la intangibilidad
La ley es categórica respecto a lo que constituye una zona intangible. En el papel, el Campo Santo goza de un blindaje legal absoluto. Está terminantemente prohibia la ocupación permanente y las invasiones, lo que significa que ninguna persona puede establecer viviendas o comercios estables dentro del área protegida.
De igual forma, la ley prohíbe la lotización y edificación de estructuras de concreto, ladrillo o adobe, así como la alteración y extracción del suelo para fines agrícolas o mineros. Queda vedado el uso del espacio como depósito de desmontes o basura doméstica, y se restringe cualquier actividad incompatible que rompa la solemnidad, el luto y el carácter memorial del espacio sacro. Las municipalidades locales y el Ministerio de Cultura son los custodios legales directos de velar por el cumplimiento estricto de este marco jurídico.
🪦 PARTE III: DONDE DESCANSAN MILES DE PERUANOS
1. La cartografía del dolor
Caminar hoy por Yungay viejo es transitar sobre las azoteas de una urbe sumergida. Debajo de los campos donde hoy crecen pastos y flores silvestres, yacen los restos de la sociedad yunguina de 1970. El nivel del suelo actual apenas muestra algunos monumentos, las cuatro palmeras sobrevivientes de la Plaza de Armas y la maleza, pero de cinco a diez metros abajo se encuentra el nivel subterráneo con las viviendas colapsadas, iglesias, mercados y los restos de 25,000 almas.
Allí se encuentran los restos del antiguo Templo de Santo Domingo de Guzmán, cuyos muros coloniales cedieron ante la fuerza del aluvión; los vehículos de la época aplastados; las aulas escolares con sus estudiantes dentro; y hogares enteros sorprendidos en la sobremesa dominical.
Cada cruz de metal o madera sembrada de forma simbólica por los sobrevivientes no marca un ataúd individual; marca el punto aproximado donde un muro o una habitación albergó la vida de sus seres queridos. Por lo tanto, no se trata de un atractivo turístico arqueológico común, sino de una gigantesca fosa común protegida por el respeto humano y la dignidad nacional.
🗑️ PARTE IV: UNA MEMORIA HISTÓRICA EN RIESGO
1. El avance silencioso del olvido
Muchos años después, los ecos del desastre parecen desvanecerse en las oficinas gubernamentales. Sobrevivientes de la tragedia y sus descendientes, agrupados en comités de defensa de la memoria, vienen denunciando un alarmante estado de abandono institucional.
El perímetro del Campo Santo carece de un cerco perimétrico técnico y de vigilancia permanente. El ingreso de camiones con basura, el arrojo clandestino de desmonte de construcción civil y la acumulación de plásticos en las zonas colindantes han comenzado a alterar la fisonomía del lugar. El espacio sagrado está siendo asfixiado por los residuos de la modernidad.
2. Las invasiones hormiga
A vista y paciencia de las sucesivas gestiones municipales, se viene registrando el fenómeno de las llamadas "invasiones hormiga". Líneas de cultivo agrícola que avanzan metro a metro sobre el suelo intangible, instalación de corrales de animales y, lo más grave, la cimentación de viviendas rústicas pero permanentes en los márgenes de la zona delimitada por ley. La inacción de las autoridades ha sido interpretada por los usurpadores como una tácita autorización para lotizar el dolor.
⚖️ PARTE V: ENTRE LA NECESIDAD Y LA FALTA DE CONCIENCIA
1. La crisis de la planificación urbana
La presión demográfica sobre la nueva ciudad de Yungay, en Pashullpampa, es innegable. El crecimiento poblacional genera una demanda legítima de viviendas, terrenos agrícolas y espacios comerciales. Sin embargo, los analistas territoriales señalan que esta necesidad social es instrumentalizada por traficantes de terrenos y mafias locales que se aprovechan de la vulnerabilidad de las familias para empujarlas a ocupar áreas del adyacente Campo Santo.
2. La ética frente a la necesidad
El debate no es meramente legal, es profundamente moral. Los descendientes de las víctimas sostienen una postura inquebrantable: la necesidad de vivienda no puede justificar la profanación histórica.
Permitir que se construyan viviendas con desagües y cimientos sobre los cadáveres de miles de peruanos es un acto de olvido social extremo. La falta de un plan de desarrollo urbano por parte del municipio local ha provocado que la línea frontera entre el respeto a los muertos y la supervivencia de los vivos en Pashullpampa esté a punto de borrarse por completo.
🎺 PARTE VI: ROMERÍA, COMERCIO Y PÉRDIDA DEL SENTIDO CONMEMORATIVO
1. De la liturgia al negocio de la fe
El 31 de mayo fue instituido en el calendario cívico escolar del Perú como el Día Nacional de la Reflexión sobre los Desastres Naturales. Originalmente, las romerías a Yungay eran procesiones silentes, de riguroso luto, donde el Callejón de Huaylas se unía en misas de campaña, llanto compartido y encendido de velas sobre las rocas del aluvión.
Hoy, la atmósfera ha cambiado drásticamente. Las conmemoraciones se han convertido en ferias comerciales mal reguladas. Desde los accesos principales hasta el corazón del Campo Santo, el espacio es tomado por la venta ambulatoria descontrolada de comida, la instalación de carpas con venta de bebidas alcohólicas y la presencia de bandas de música y orquestas que, bajo el pretexto de homenajes, configuran un ambiente de fiesta patronal profana. El panorama pasó de la oración, el respeto y el silencio, a un escenario dominado por el comercio, el alcohol y el ruido.
2. La indignación de los herederos
"Es un insulto a la memoria de nuestros padres", confiesa con lágrimas un sobreviviente que perdió a toda su familia cuando tenía diez años. Las borracheras públicas sobre el suelo donde yacen sepultados miles de ciudadanos representan la desconexión total de las nuevas generaciones con la identidad y el drama de su propio pueblo. El turismo de masas no regulado ha comercializado el dolor, convirtiendo una tragedia humana en un espectáculo de fin de semana.
🕯️ PARTE VII: MEMORIA, RESPETO Y RESPONSABILIDAD NACIONAL
1. El valor pedagógico de la catástrofe
El patrimonio cultural no solo está compuesto por templos incas o casonas virreinales; la memoria del dolor colectivo es también un pilar fundamental de la identidad de una nación. Yungay es el símbolo del luto de los Andes de América Latina.
Especialistas en museografía y derechos humanos sostienen que el Campo Santo debe cumplir una función estrictamente educativa. Debería ser un espacio de alta investigación científica, geológica y de concientización sobre la gestión de riesgos de desastres para escolares, universitarios y científicos de todo el mundo. Cuidar Yungay es aprender a sobrevivir en un territorio sísmicamente activo.
🖤 REFLEXIÓN FINAL: YUNGAY NO ES OLVIDO
Yungay viejo no es un espacio vacío; es una lección perenne escrita con el lodo del Huascarán. No merece el destino administrativo de convertirse en un botadero o en una barriada marginal. Tampoco merece ser el patio de celebraciones ruidosas que anestesian la conciencia colectiva.
Cada palmo de esa tierra guarda el último aliento de una sociedad entera que desapareció en un abrir y cerrar de ojos. El rescate de la dignidad del Campo Santo de Yungay es una tarea urgente que compete al Ministerio de Cultura, la Municipalidad Provincial de Yungay, el Gobierno Regional de Áncash y a cada ciudadano que pise su suelo. Recuperar el respeto por Yungay es recuperar nuestra propia condición humana. Porque un pueblo que olvida a sus muertos bajo la basura y la indiferencia, está condenado a sepultar su propio futuro.
Yungay no es solamente una tragedia escrita en las páginas del ayer. Yungay es memoria viva, es historia latente y es, por encima de todo, la brújula de la conciencia nacional. 🖤🇵🇪
📚 FUENTES REFERENCIALES Y OFICIALES
Instituto Nacional de Defensa Civil (INDECI): Compendios históricos y estatutos de la sismicidad en el Perú y el sismo de 1970.
Poder Ejecutivo del Perú: Resolución Suprema N.° 005-77-ORDEZA (12 de octubre de 1977), declaratoria de Zona Intangible del Campo Santo de Yungay.
Archivo General de la Nación del Perú: Fotografías aéreas oficiales del Servicio Aerofotográfico Nacional (SAN) de junio de 1970.
Biblioteca Nacional del Perú: Hemeroteca de los diarios El Comercio, La Prensa y Expreso (ediciones de junio de 1970).
UNESCO: Directrices internacionales para la gestión de sitios de memoria histórica y paisajes culturales protegidos.
Gobierno Regional de Áncash: Planes de delimitación territorial, desarrollo de Pashullpampa y mesas de trabajo para la conservación de la provincia de Yungay.
Testimonios orales: Asociación de Sobrevivientes y Descendientes del 31 de Mayo de Yungay.
Instituto Geológico, Minero y Metalúrgico (INGEMMET): Estudios de geohigienes y riesgos geológicos en el Callejón de Huaylas.
 

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viernes, 15 de mayo de 2026

VESTIMENTA YUNGAINA

VESTIMENTA YUNGAINA

VESTIMENTA YUNGAINA

El traje yungaino

La vestimenta yungaina constituye una de las expresiones culturales más representativas del Callejón de Huaylas y del departamento de Áncash. Se distingue por la riqueza de sus tejidos, la variedad de colores, los bordados artesanales y la fuerte carga simbólica que conserva desde tiempos prehispánicos. Tanto en hombres como en mujeres, el traje típico refleja identidad, tradición, jerarquía social y el profundo vínculo de la población con su entorno andino.

En las áreas andinas de Áncash, especialmente en Yungay y pueblos cercanos, el vestuario tradicional destaca por su elegancia y suntuosidad, principalmente el femenino. Está compuesto por prendas comunes de la indumentaria andina pantalón, camisa y poncho en los varones; falda, blusa y manta o Lliklla en las mujeres aunque cada localidad presenta características particulares en colores, bordados y formas de uso.

La forma de vestir ha sido, desde tiempos antiguos, una expresión de épocas, situaciones económicas y niveles sociales. El estudio de la historia de los pueblos andinos también se refleja en sus tejidos, mantos, sombreros, adornos y accesorios. Cada prenda comunica aspectos de la vida cotidiana, las celebraciones religiosas, el trabajo agrícola y las relaciones culturales heredadas de generaciones anteriores.

Actualmente, la vestimenta tradicional convive con la moda moderna; sin embargo, durante festividades patronales, danzas costumbristas, ferias y celebraciones comunales, el traje típico continúa siendo símbolo de orgullo e identidad cultural. Detrás de cada diseño existen elementos psicológicos, sociales, políticos y étnicos que fortalecen el sentido de pertenencia de la población yungaina.

VESTIMENTA YUNGAINAHerencia textil andina

Muchos siglos antes de la llegada de los españoles, las culturas andinas y posteriormente el Imperio Inca dominaron el arte del tejido y del telar. Elaboraban prendas y accesorios como el chumpi o Wachku (faja), la lliqlla o Lliklla (manta andina), la Tiksha o chuspa (bolsa tradicional) y el chullo, utilizando técnicas complejas de bordado y brocado.

Los antiguos tejidos peruanos se decoraban con motivos geométricos, figuras de aves, peces, animales y seres humanos estilizados. Los artesanos empleaban materiales como lana de alpaca y oveja, fibras vegetales, hilos de oro y plata, chaquiras, conchas marinas y otros elementos ornamentales. Esta tradición textil aún se conserva en muchas comunidades del Callejón de Huaylas, donde los pobladores continúan confeccionando prendas artesanales con diseños heredados de sus antepasados.

La Bayeta de Castilla constituye uno de los materiales más importantes dentro de la tradición textil ancashina. Se trata de un tejido grueso y resistente elaborado principalmente con lana, ampliamente utilizado debido a su capacidad para conservar el calor corporal frente a las bajas temperaturas de la cordillera. Con esta tela se confeccionan polleras, pantalones, ponchos, chalecos y diversas prendas tradicionales de uso cotidiano y ceremonial.

El Perú, por ser un país pluricultural y multilingüe, expresa su enorme diversidad cultural también en las formas de vestir. Cada región, comunidad campesina y pueblo posee características propias en sus trajes típicos, los cuales varían según las actividades cotidianas, ceremonias religiosas o festividades tradicionales.

El folclore ancashino es vasto y singular. Muchas danzas autóctonas preservan todavía su vestuario original, confeccionado principalmente con bayeta tejida, Bayeta de Castilla y lana de oveja, adornadas con bordados simbólicos que representan la cosmovisión y creatividad de los pobladores andinos.

VESTIMENTA YUNGAINAVESTIMENTA FEMENINA YUNGAINA

Las mujeres yungainas destacan por el uso de prendas coloridas y delicadamente adornadas. Tradicionalmente utilizan blusas de tonos claros como rosado, celeste, lila o blanco, confeccionadas en seda, algodón o telas finas de brocado y raso. Estas prendas suelen estar decoradas con blondas, encajes, flecos, grecas y bordados artesanales que representan flores, aves y figuras simétricas inspiradas en la naturaleza andina.

Las polleras constituyen uno de los elementos más importantes de la indumentaria femenina. Son confeccionadas de bayeta negra, azul oscuro o Bayeta de Castilla y se utilizan varias superpuestas, generando volumen, elegancia y abrigo frente al clima frío de la sierra. Algunas están adornadas con cintas, alforzas, pespuntes y tirillas bordadas. En ciertas localidades se colocan además polleras de seda o percala sobre las de bayeta o Bayeta de Castilla, especialmente durante fiestas patronales y celebraciones importantes.

La cintura se ajusta mediante coloridas fajas tejidas artesanalmente por expertos tejedores de Yungay. Estas fajas no solo cumplen una función práctica, sino también decorativa y simbólica, ya que sus diseños geométricos representan elementos de la cosmovisión andina y la identidad familiar o comunal.

La manta o llicllas, también conocida como Lliklla, constituye una de las prendas más representativas de la mujer andina. Está elaborada de lana y presenta colores intensos como azul, granate, rosado o negro profundo. Se adorna con volutas, flores bordadas, flecos y cintas multicolores. Además de proteger del intenso frío andino y de la cordillera, cumple funciones utilitarias y simbólicas, pues representa elegancia y tradición, y sirve para trasladar productos agrícolas, alimentos, enseres e incluso cargar tiernamente a las wawas (niños pequeños). Sus bordados y tejidos reflejan identidad cultural y herencia ancestral.

Los sombreros pueden ser de lana o paja y frecuentemente se decoran con cintas de colores, pompones y borlas. Una costumbre característica en Yungay consiste en colocar la manta o Lliklla sobre el sombrero durante las horas de intenso calor, produciendo una apariencia muy particular y distintiva de las warmis ancashinas.

En fiestas y ferias dominicales, las mujeres complementan su vestimenta con pendientes de plata, collares de cuentas de colores, medallas y anillos. Antiguamente caminaban descalzas o utilizaban ojotas sencillas, Llankes; posteriormente comenzaron a usar zapatos en ocasiones especiales, especialmente las familias de mayores recursos económicos.

Los Llankes representan el calzado tradicional de los pueblos andinos. Originalmente fueron elaborados con cuero curtido artesanalmente; posteriormente comenzaron a confeccionarse con caucho de llantas recicladas debido a su gran resistencia y durabilidad. Este tipo de calzado resulta ideal para caminar por los senderos pedregosos y las pendientes características de la geografía ancashina.

Características relevantes del vestuario: Mujeres (Warmis)

Usha Tsuku (Sombrero): Esta pieza icónica está confeccionada artesanalmente a base de lana de oveja prensada. Exhibe tonalidades que van desde el marrón oscuro hasta el color chancaca (marrón dulce tradicional). Su copa y falda se adornan meticulosamente con blondas doradas que captan la luz solar, complementadas con cintas multicolores y vistosas borlas de lana (tullmas) que penden a ambos lados, enmarcando el rostro de la mujer ancashina.

Wellqa (Collar): Ostentosos collares que adornan el cuello femenino. Se elaboran engarzando piedras comunes de la región seleccionadas por sus formas, junto con antiguas medallas de plata que denotan estatus o devoción. Toda la estructura es sostenida firmemente por cintas de lana tejida de colores encendidos.

Zarcillos o pendientes: Aretes de gran valor estético y ceremonial, confeccionados en plata u oro de alta pureza. Sus diseños repujados o filigranados están directamente inspirados en la joyería regional andina, mostrando motivos fitomorfos (flores, hojas) y zoomorfos propios de la iconografía local.

Säku (Blusa): Prenda confeccionada en telas de texturas ricas como el brocado o el raso, destacando por el uso de colores de gran intensidad cromática (como el rojo encendido o el verde esmeralda). Está profusamente ornamentada con blondas de encaje, grecas brillantes y delicados bordados a mano que realzan el cuello, el pecho y las mangas.

Äku o Lliclla (Manta): Manta rectangular tejida en un telar con fina bayeta de castilla. El cuerpo central suele ser de un color negro profundo, enmarcado por bordes azules intensos. Cumple una doble función vital: proteger a la portadora del gélido clima de la cordillera y servir como soporte para el traslado de productos agrícolas, enseres o, tiernamente, a los niños pequeños (wawas).

Rurimpa (Polleras): Faldas interiores confeccionadas con la abrigadora bayeta de castilla. Sus bastas inferiores están ricamente decoradas con cenefas y bordados florales hechos a mano o mediante máquinas de pedal tradicionales. Para otorgar volumen y protección térmica, las mujeres visten entre tres y cinco de estas polleras superpuestas, lo que genera un movimiento característico al danzar.

Saya: Prenda o falda exterior de silueta amplia y de color negro riguroso. Destaca por el contraste que generan sus blondas blancas inmaculadas y las grecas multicolores que adornan su estructura. Se sujeta firmemente a la cintura mediante la Tseqlla Watu, una faja delgada pero resistente que estiliza la figura.

Llanqe / Llanke: Calzado de uso diario y festivo, conocido también como ojota. Está ingeniosamente elaborado a partir de caucho de llantas recicladas, lo que garantiza una durabilidad excepcional y un agarre firme, resultando un calzado sumamente resistente para transitar por los escarpados y pedregosos senderos andinos.

VESTIMENTA MASCULINA YUNGAINA

La vestimenta masculina yungaina se caracteriza por su sobriedad y funcionalidad, sin dejar de lado la elegancia artesanal. Los varones utilizan pantalón, chaleco y en ocasiones saco, confeccionados generalmente de bayeta, Bayeta de Castilla azul oscuro o en color natural.

El pantalón se ajusta mediante una faja multicolor tejida artesanalmente conocida como Wachku. La camisa suele ser de tocuyo blanco, al igual que el pantalón interior. Encima utilizan ponchos de lana tejidos a mano, decorados con listas verticales de diversos colores sobre fondos marrones, ocres, grises o negros, dependiendo de las costumbres de cada pueblo.

El poncho cumple una función esencial frente al frío de la sierra y también simboliza identidad regional. Mientras trabajan, los hombres acostumbran llevarlo sobre los hombros dejando libres los brazos para facilitar las labores agrícolas y ganaderas.VESTIMENTA YUNGAINA

Usan sombreros de lana de oveja o de paja, además de algunos sombreros industriales de paño introducidos con el tiempo. En los pies llevan llanqes, Llankes u ojotas elaboradas originalmente de cuero y actualmente de llanta reciclada.

Entre los accesorios tradicionales destaca la Tiksha, bolsa rectangular de cuero o tejido artesanal de origen prehispánico que sirve para transportar coca, sal, dinero y pequeños objetos personales. Para viajes y comercio utilizan alforjas tejidas donde cargan sus productos y pertenencias.

La Waraka constituye otro elemento importante dentro de la vestimenta tradicional masculina. Se trata de una soga o honda ritual tejida de manera minuciosa con finos hilos de lana negra y blanca, los cuales son previamente hilados por las mujeres de la comunidad mediante la putska o huso tradicional. Además de ser utilizada antiguamente para actividades pastoriles, se lleva cruzada en el torso como un accesorio de autoridad, destreza y herencia cultural.

Aunque muchas de estas prendas aún sobreviven en festividades y actividades culturales, algunas formas tradicionales de vestir han ido desapareciendo debido a la influencia de la modernidad, la migración y los cambios sociales producidos durante las últimas décadas.

Características relevantes del vestuario: Varones (Ollqus)

Tsuku (Sombrero): Sombrero masculino de copa alta confeccionado con lana de oveja de color marrón oscuro o negro. Se distingue por llevar ribetes de colores vivos en los bordes para generar contraste, y está adornado de forma sobria pero elegante con borlas pequeñas y cintas de terciopelo negro alrededor de la copa.

Camisa y Kushma:

La parte superior se compone de una camisa blanca de tocuyo (algodón crudo) o bayeta ligera, sobre la cual se coloca un chaleco indígena ajustado. Encima de estas prendas se viste la kushma, una especie de túnica o cotón corto de bayeta, sin mangas, que facilita el movimiento de los brazos durante las faenas.

Poncho: Espléndida prenda de abrigo tejida de forma artesanal con lana de oveja seleccionada. El proceso se realiza en la kallwa o telar de cintura tradicional, heredado de la época prehispánica. Presenta un diseño característico de color marrón con listas o franjas verticales en tonos blancos o crema, combinación conocida localmente como rumpu poncho.

Waraka: Soga o honda ritual tejida de manera minuciosa con finos hilos de lana negra y blanca, los cuales son previamente hilados por las mujeres de la comunidad mediante la puska (huso). Se lleva cruzada en el torso como un accesorio de autoridad y destreza.

Tiksha: Práctica y estética bolsa de cuero curtido que cuenta con estratégicas divisiones internas. Es un elemento indispensable para el varón andino, ya que se utiliza para salvaguardar las hojas de coca (destinadas al chaccheo o lectura ritual), la cal o llipta, y otros objetos de valor personal.

Wara (Pantalón): Pantalón confeccionado con bayeta pesada de color negro, diseñado para soportar las inclemencias del tiempo. Posee una abertura especial en la parte inferior de las piernas que otorga mayor comodidad al caminar y está decorado en los costados con vistosas borlas de colores.

Wachku (Faja): Ancha faja multicolor tejida en el telar de kallwa. Destaca por sus complejos patrones geométricos que narran la cosmovisión local, siendo un elemento de soporte lumbar y de identidad estética sumamente característico de los varones del Callejón de Huaylas.

Llanqe / Llanke: Al igual que las mujeres, los varones calzan ojotas hechas de neumático reciclado. Su diseño prioriza la tracción y la resistencia extrema, convirtiéndose en el aliado perfecto para las exigentes labores agrícolas, las faenas comunales (repúblicas) y las largas caminatas por la geografía ancashina.

VALOR LINGÜÍSTICO Y CULTURAL DE LA TERMINOLOGÍA ANDINA

La vestimenta yungaina no solo conserva técnicas ancestrales de tejido y confección, sino también importantes expresiones lingüísticas heredadas del quechua andino. Términos como Lliklla (o lliqlla), Llankes (o llanqes), Wachku (o chumpi), Tiksha (o chuspa), Tsuku (o Usha Tsuku), Rurimpa, Warmis y Ollqus forman parte del vocabulario tradicional empleado por generaciones de pobladores del Callejón de Huaylas.

Estas denominaciones poseen un profundo valor cultural porque reflejan conocimientos, costumbres y formas de vida propias de los pueblos andinos de Áncash. Mantener estos términos dentro de la investigación contribuye a preservar la memoria cultural, fortalecer la identidad regional y proteger el patrimonio lingüístico ancestral.

IMPORTANCIA CULTURAL DEL TRAJE YUNGAINO

El traje típico yungaino constituye una auténtica memoria viva y un valioso testimonio textil de los pueblos andinos de la región Áncash. Lejos de ser una simple indumentaria, cada puntada, la elección de los colores, la estructura de los tejidos y la disposición de sus accesorios expresan de manera elocuente valores ancestrales, la identidad colectiva y la resiliencia comunitaria. La vestimenta fusiona a la perfección la funcionalidad práctica diseñada para mitigar y enfrentar el riguroso clima de la sierra alta con una profunda carga simbólica que refleja tradiciones orales e históricas transmitidas ininterrumpidamente de generación en generación. Cada prenda posee un significado especial relacionado con el trabajo agrícola, la organización familiar, las festividades religiosas y las costumbres comunales.

En la sociedad contemporánea, el uso de este traje se revitaliza y adquiere su máximo esplendor durante las festividades religiosas patronales, los coloridos carnavales, las ferias agropecuarias, las danzas folclóricas y las asambleas o ceremonias tradicionales comunales. La salvaguarda, preservación y el uso orgulloso de estas prendas configuran una resistencia cultural activa; es la forma en que los yungainos mantienen vigentes su historia local, las técnicas del arte textil nativo, el arte textil heredado y las costumbres heredadas de sus antepasados.

Por lo tanto, la vestimenta tradicional de Yungay trasciende lo meramente estético y ornamental. Se erige y se convierte en un poderoso símbolo de pertenencia cultural, un lazo e inquebrantable vínculo permanente con la tierra y un motivo de profundo orgullo regional tanto para los pobladores de la provincia de Yungay y del Callejón de Huaylas como para todos los habitantes que comparten la herencia histórica de toda la región Áncash.

Preservar la vestimenta yungaina significa conservar viva la memoria histórica, artística, lingüística y espiritual de los pueblos andinos del Perú.

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jueves, 14 de mayo de 2026

SANTA INÉS HISTORIA

 La Gloriosa Institución Educativa Pública Emblemática y Centenaria Santa Inés de Yungay: Forjando Ciudadanos para el Siglo XXI
Las instituciones educativas en Perú ostentan la crucial responsabilidad de brindar una formación integral y de excelencia. Su misión fundamental es potenciar las habilidades y el talento de cada estudiante, preparándolos para ser ciudadanos íntegros y responsables. Esto no solo implica la adquisición de conocimientos académicos, sino también el fortalecimiento de valores, el desarrollo de habilidades socioemocionales y la capacidad de pensamiento crítico, pilares esenciales para el florecimiento individual y colectivo en un mundo en constante cambio.
En este proceso transformador, el educador emerge como una figura indispensable. Lejos de ser un mero transmisor de información, es un facilitador del aprendizaje, un guía y una fuente de motivación. Su labor radica en diseñar e implementar estrategias didácticas y pedagógicas innovadoras, que sean accesibles y atractivas, despertando la curiosidad innata y el deseo de aprender en cada estudiante. En esta dinámica, el lenguaje se erige como una herramienta poderosa y catalizadora, capaz de generar cambios profundos dentro de la institución y de moldear la capacidad de los alumnos para imaginar, comunicarse y construir su propia realidad, trascendiendo las barreras y ampliando horizontes.

La Importancia Crucial de la Expresividad y la Oralidad
El lenguaje es el cimiento del desarrollo humano en todas sus dimensiones. Permite a las personas articular sus pensamientos, expresar sus emociones y compartir sus percepciones del mundo. Aquellos que cultivan plenamente su capacidad expresiva y oral no solo se comunican con eficacia, sino que también fortalecen su habilidad para la reflexión crítica, el análisis profundo y una comprensión más cabal de su entorno. Por el contrario, la deficiencia en estas habilidades puede limitar la interacción, la resolución de problemas y la capacidad de aprehender la complejidad del mundo que los rodea.
De ahí la necesidad imperante de que la educación formal, y en particular instituciones de la talla de la Institución Educativa Pública Emblemática Santa Inés, prioricen una sólida instrucción en expresividad y oralidad. Esto va más allá de la mera gramática; se trata de fomentar la confianza para hablar en público, la capacidad de argumentar ideas con coherencia, de escuchar activamente y de participar en diálogos constructivos y respetuosos. Invertir en estas habilidades trasciende lo académico, marcando una diferencia significativa en la forma en que las personas se relacionan con el mundo, construyen su identidad y ejercen su ciudadanía de manera plena. Constituyen una base esencial para el éxito académico, profesional y personal en un entorno cada vez más interconectado y demandante.

Historia del Glorioso Santa Inés: Un Legado de Formación
Con el ánimo de honrar y enriquecer la vasta trayectoria de la Institución Educativa Pública Emblemática Santa Inés, a continuación, se presenta un recorrido por su ilustre historia. Desde su fundación, esta institución ha sido mucho más que un conjunto de edificios; ha sido un auténtico semillero de talentos, un crisol donde se han forjado generaciones de profesionales, líderes y ciudadanos comprometidos con el desarrollo y progreso de Perú.
A lo largo de sus siglos de existencia, Santa Inés ha sido escenario de innumerables actividades y logros trascendentales. Desde destacadas participaciones en eventos académicos, deportivos y culturales, que han enaltecido su nombre, hasta la implementación de proyectos educativos innovadores que han marcado pauta, cada etapa y cada iniciativa han contribuido a consolidar su prestigio y a dejar una huella imborrable en la comunidad. Este relato es solo el comienzo de un recuento de su glorioso camino, un legado que sigue inspirando a las nuevas generaciones a alcanzar su máximo potencial y a forjar, tal como reza su título, seres humanos íntegros, conscientes de su rol en la sociedad.

Trazando la Trayectoria: Del Origen Colonial al Presente Emblemático
La historia del Colegio Nacional Santa Inés se remonta al 30 de noviembre de 1614, cuando Doña Inés de Salas, viuda de López de Villoso, realizó una trascendental donación testamentaria de sus haciendas de Santa Catalina y Chorrillos, destinándolas a la educación de los niños de la entonces Villa de Yungay. Este acto filantrópico sentó las bases de una institución que perduraría por siglos.
Yungay Ancash
Conforme a la expresa voluntad de esta distinguida benefactora, una escuela primaria se puso en funcionamiento de inmediato, bajo la dirección de los Frailes Dominicos, quienes en aquella época contaban con un convento en el centro de la ciudad. Ellos también asumieron la administración de los bienes donados, con el objetivo de que sus rentas sufragaran los gastos operativos de la institución. Así, la escuela de Yungay se consolidó como una de las primeras escuelas fundadas en Perú, sentando un precedente invaluable en la historia educativa del país.
Tras tres siglos de fructífera labor educativa primaria, siendo alcalde el Sr. Fortunato Palma, se marcó un hito con la fundación del Colegio Municipal de segunda enseñanza mediante Resolución Suprema N°1416, del 14 de septiembre de 1912. Por acuerdo de la comuna del 15 de noviembre de 1915, se le denominó “Colegio Municipal Santa Inés”, y posteriormente, el 31 de agosto de 1929, se transformó en colegio nacional, adquiriendo un estatus de mayor relevancia y alcance, bajo la Resolución Suprema N° 1960.
El nombre "SANTA INÉS" fue adoptado en honor a Doña Inés de Salas, la ilustre benefactora de la educación yungaina y una auténtica precursora de la educación peruana. Su visión perdura en el nombre y espíritu de la institución.
El primer director del colegio fue el Sr. Alejandro Haro, sucedido por el Sr. Genaro Gonzales Flores. Después de un breve receso, entre el 1 de marzo de 1916 y el 13 de enero de 1918, el colegio experimentó un fortalecimiento significativo bajo la dirección del Ing. Néstor Torres. Durante su gestión, se incorporó una sección industrial que impartía especialidades muy relevantes para la época, como Mecánica, Contabilidad, Dactilografía, Dibujo, Bellas Artes, Escultura y Construcción, anticipándose a las necesidades de formación técnica y profesional que demandaba el desarrollo de la región.
La historia del Glorioso Colegio “Santa Inés”, alma máter de la educación yungaina, se remonta, como se mencionó, al año 1614, con la donación de doña Inés de Salas de López de Villoso. En 1829, se funda una Escuela de Educación Gratuita sostenida por las rentas de las mencionadas haciendas. Para 1851, la Villa Yungay ya contaba con dos escuelas gratuitas, una de varones y otra de mujeres, administradas por la Municipalidad y que llevaron los nombres de “El Porvenir” y “Santa Inés” respectivamente. El 5 de diciembre de 1905, el gobierno promulgó la Ley N° 162, asumiendo la administración de los centros educativos. Gracias a ello, las rentas obtenidas de las haciendas “Santa Catalina” y “Chorrillos” se utilizaron para implementar una escuela con talleres de zapatería, talabartería, telegrafía y música. En 1906, los concejales de la Municipalidad de Yungay acordaron solicitar la conversión de esta Escuela Taller en un Colegio de Instrucción Media con sección de oficio, marcando un paso más hacia la consolidación de la educación secundaria en la región.

El anhelo del pueblo yungaino de contar con un Colegio de Instrucción Secundaria se materializó el 14 de septiembre de 1912, cuando mediante Resolución N° 1416, se creó el Colegio de Instrucción Media Secundaria. Posteriormente, en noviembre de 1915, la junta municipal acordó nombrarlo “Santa Inés” para honrar y perpetuar la memoria de su benefactora.

El primer director fue el Señor Alejandro Haro, seguido poco tiempo después por Don Genaro Gonzáles Flores. Después de un breve receso (del 1 de marzo de 1916 al 13 de enero de 1918), el colegio se robusteció bajo la dirección del Ing. Néstor Torres, quien implementó una sección “industrial” con especialidades como Mecánica, Contabilidad, Dactilografía, Dibujo, Bellas Artes, Escultura y Construcción, reflejando una visión educativa innovadora y práctica.

Tras la renuncia del Ing. Torres, asumió el cargo Don Francisco Regis Tamayo, un profesor decano de gran prestigio local por su autoridad y conocimientos pedagógicos. Durante su gestión, funcionó una sección primaria anexa. Sin embargo, el colegio entró en receso el 12 de febrero de 1922, debido a problemas presupuestarios y el estado ruinoso del local.

El 4 de mayo de 1928, el Dr. Juan Olivera Cortés fue nombrado director. Bajo su liderazgo, y tras una ardua y persistente campaña, se logró que el colegio fuera declarado Colegio Nacional mediante Resolución Suprema N° 1960 del 31 de agosto de 1929, y una Resolución Suprema aclaratoria N° 2768 del 21 de diciembre del mismo año, que otorgó atribuciones al Municipio para recaudar rentas en beneficio del colegio. Esta nueva jerarquía garantizó la estabilidad del Colegio Nacional Santa Inés, permitiendo a la dirección estructurar el área pedagógica de acuerdo con las necesidades de la época, optimizar su organización interna y adquirir la primera banda de guerra para realzar sus presentaciones. Poco más de un año después, el colegio fue declarado mixto mediante Resolución Suprema del 30 de abril de 1931, un avance significativo en la igualdad educativa y una muestra de adaptación a los tiempos.

Debido a la limitación del espacio, el Dr. Olivera encontró un local más apropiado ubicado en el ángulo noreste de la Plaza Mayor. El 12 de abril de 1937, se celebró una minuta de promesa de venta del 60% de sus acciones con la familia Arias, mientras se gestionaba la adquisición total del edificio de los demás copropietarios, demostrando una visión de futuro para la infraestructura.

Al concluir la dinámica labor del Dr. Olivera, por Resolución Suprema del 23 de febrero de 1938, se nombró como nuevo director al Dr. Anaximandro Vega. Durante su administración, dirigió la publicación de la revista “Santa Inés”, un espacio de difusión cultural y académica, y organizó la banda de músicos bajo la dirección del extraordinario músico yungaino Don Víctor Cordero Gonzales. En agosto del mismo año, la flamante banda de músicos interpretó por primera vez el “Himno del Colegio Santa Inés”, cuya letra pertenece al Dr. Vega y la música al Profesor Cordero, un hito que fortaleció la identidad y el sentido de pertenencia de la institución.

En reemplazo del Dr. Anaximandro Vega, el Sr. Francisco Quiroz Santillán asumió la dirección, conforme a la Resolución Suprema del 14 de febrero de 1940. Durante su gestión, se instituyó el 14 de septiembre como el Día del Colegio, una fecha de celebración y conmemoración que perdura hasta hoy.

Al año siguiente, el Sr. Luis Vega Centeno asumió la dirección, según la Resolución Suprema del 26 de marzo de 1941. Durante su periodo, el colegio se trasladó al nuevo local, alquilado a la familia Arias, con quienes ya existía la minuta de promesa de venta, marcando una mejora significativa en las instalaciones y ofreciendo un mejor ambiente para el aprendizaje.

En reemplazo del Dr. Vega Centeno, fue nombrado director el Dr. Froilán Sánchez Larrauri por Resolución Suprema del 30 de marzo de 1943. Durante su gestión, el 27 de julio, se instaló la Escuela de Artes y Oficios, anexa al Colegio, con el nombre de Néstor Torres, en gratitud a las gestiones realizadas para su creación como Representante de la Provincia, evidenciando un compromiso con la formación técnica y laboral de los jóvenes.

Al año siguiente, el Dr. Eloy Cerna Dextre asumió la dirección del plantel, de acuerdo con la Resolución Suprema dictada el 20 de abril de 1944. Durante su gestión, se culminó el proceso de compra del local del colegio, a mérito de la Resolución Ministerial N° 2330 del 27 de julio de 1944, pagándose el íntegro del precio al Sr. Raúl Arias y copropietarios, consolidando la propiedad del inmueble y asegurando su futuro.

En 1945, a mérito de la Resolución Suprema N° 1269 del 3 de abril, el Dr. Juan Olivera Cortez asumió nuevamente la dirección del plantel. Durante esta segunda gestión, el Dr. Olivera continuó con ahínco la línea administrativa y educativa iniciada en su periodo anterior, con el loable propósito de elevar aún más el nivel cultural y académico del colegio, consolidando su legado.

El 7 de mayo de 1946, por disposición superior, la Sección Anexa de Arte y Oficios se separó del colegio para convertirse en el Colegio Industrial N° 10, entregándose todas las herramientas y enseres al Sr. Jesús Maguiña, nombrado director del Industrial por Resolución Suprema del 15 de mayo, lo que marcó la creación de una nueva institución educativa especializada en la zona, fruto de la visión educativa de la época.

El 28 de julio de 1948 se inauguraron el campo deportivo y las tribunas dentro del recinto, mejorando significativamente las instalaciones y promoviendo el deporte y la sana convivencia. Al día siguiente, el Dr. Artemio Ángeles Figuera, en representación de los herederos del Ing. Amadeo Ramos Olivera, hizo entrega de la amplia biblioteca que perteneciera al extinto, enriqueciendo el acervo cultural y el acceso al conocimiento para los estudiantes y la comunidad.

Reemplazando al Dr. Olivera, el profesor Estenio Torres Ramos asumió la dirección del plantel por Resolución Ministerial N° 4329 del 12 de junio de 1950, iniciando una renovada cruzada educativa en los aspectos espiritual y material, cuya fructífera labor fue reconocida por la comunidad hasta su retiro en 1958, dejando una huella imborrable en la historia del colegio.

A fines de marzo de 1959, el dinámico profesor Dr. Ángel Macchiota Cacho asumió la dirección, desempeñando su gestión con vitalidad y alegría. Dio un ejemplo de unidad familiar al mudarse a Yungay con su esposa y sus ocho hijos. El Dr. Macchiota fue muy respetado y popular en la ciudad por su dedicación a labores culturales, sociales y deportivas. Por su iniciativa, se logró que una Misión Alemana se comprometiera a donar modernos laboratorios de física y química, los cuales fueron entregados al colegio durante la gestión del Dr. Solís, modernizando las herramientas educativas y preparando a los estudiantes para los desafíos científicos y tecnológicos.

En abril de 1962, el Dr. Fabio Solís Soria asumió la dirección, con el encargo de celebrar el “Cincuentenario del Colegio” con diversas actividades educativas, sociales y culturales que fueron transmitidas por la radio municipal, involucrando a toda la comunidad. En este contexto, recibió a una nutrida delegación de ex-santainesinos residentes en Lima, bajo la presidencia del Ing. Pedro Ángeles. Al año siguiente, el 14 de septiembre de 1963, Don Roberto Prisciliano Ángeles donó un terreno de casi una hectárea, ubicado en Acobamba, donde se construyó 35 años después un local que actualmente alberga el nivel de educación inicial. Hoy en día, la institución cuenta con un moderno local en la zona céntrica de la ciudad, que la convierte en una Institución Emblemática, reflejando su evolución constante y su compromiso inquebrantable con la educación de calidad para todas las edades.

Poco después del devastador sismo alud que enlutó la región, el 21 de julio de 1970, el señor Pelayo Aldave Tarazona asumió la dirección, en un momento de gran desafío para la comunidad y la institución, demostrando resiliencia y liderazgo en la reconstrucción y reactivación educativa.

Mensaje a la Comunidad Educativa Santainesina: La Fuerza del Presente y la Visión del Futuro
A la Comunidad Educativa Santainesina
Queridos estudiantes, padres de familia, docentes, personal administrativo y egresados de nuestra amada Institución Educativa Pública Emblemática y Centenaria Santa Inés de Yungay:

Este año 2025 (actualizando al año corriente) marca un nuevo inicio, lleno de esperanzas y renovados propósitos. Hemos transitado por tiempos complejos, especialmente los marcados por la pandemia del COVID-19, que nos obligaron a detenernos, a reflexionar profundamente sobre nosotros mismos, sobre el valor inmenso de nuestras familias y sobre el tipo de mundo que realmente anhelamos construir. Esas experiencias, por difíciles que hayan sido, nos dejaron lecciones invaluablemente poderosas sobre la resiliencia, la adaptabilidad y la importancia de la conexión humana.

Podríamos llenar volúmenes enteros si cada uno de nosotros compartiera detalladamente aquello que nos ha dejado este tiempo, las enseñanzas de vida y para la vida que nos legó un virus tan pequeño y, a la vez, tan formidable. Estas vivencias nos han recordado la fragilidad de lo que dábamos por sentado y, al mismo tiempo, la increíble fortaleza del espíritu humano cuando se enfrenta a la adversidad.

Para este año 2025, los invito a tomar esa lección central y transformarla en acción: la fuerza y el valor de las pequeñas cosas. Cada pequeño gesto de amabilidad puede transformarse en una inmensa muestra de cariño que ilumine el día de alguien; un pequeño esfuerzo sostenido puede culminar en un gran logro al final de cada ciclo, construyendo confianza y capacidad; y una pequeña acción solidaria, nacida del corazón, puede convertirse en una gran obra de amor que genere un impacto positivo duradero en nuestra comunidad.

Ahora, con el corazón abierto y la mente dispuesta, los invito a contagiarnos sin restricciones, pero esta vez, de lo positivo y transformador. Contagiémonos de todo aquello que nos impulsa a crecer, a ser mejores personas y a construir un entorno más armónico y productivo:

Contagiémonos de alegría, de entusiasmo y de optimismo. Porque, a pesar de los desafíos, ¡estamos vivos! Y debemos vivir cada día de la mejor manera posible, valorando cada instante. La alegría genuina es un tesoro inquebrantable que nadie nos podrá arrebatar, y es una energía contagiosa que eleva el espíritu colectivo.

Contagiémonos de amabilidad, de buen trato, de empatía y de decir las "palabras mágicas". Un simple "por favor", un sincero "gracias", un "buenos días" o un "permiso" tienen el poder de transformar nuestras interacciones diarias. Cultivemos el respeto mutuo, la comprensión de las emociones ajenas y la capacidad de ponernos en el lugar del otro, construyendo puentes de comunicación efectivos.

Contagiémonos de ganas de aprender, de leer, de investigar, de descubrir, de pintar, de cantar y de jugar. Abracemos la curiosidad innata que nos impulsa a explorar nuevos conocimientos y habilidades. Que el aula, el hogar y cada espacio sean un laboratorio de ideas donde la sed de saber nunca se apague. Contagiémonos de esfuerzo y dedicación en cada tarea y en cada lección, entendiendo que el compromiso es la llave del verdadero progreso.

Contagiémonos de solidaridad, de fraternidad, de servir. Este tiempo nos ha enseñado, más que nunca, el inmenso valor del "otro" y la crucial importancia de que no podemos enfrentar la adversidad en solitario. Reconozcamos que nos necesitamos mutuamente para crecer, para cuidarnos, para animarnos en momentos difíciles y, fundamentalmente, PARA APRENDER de las experiencias y perspectivas de los demás. La colaboración y el apoyo mutuo son esenciales para una comunidad fuerte.

Contagiémonos de un ambiente cariñoso, respetuoso, sincero y honesto. Creemos un espacio donde cada miembro de la comunidad santainesina se sienta valorado, seguro, escuchado y con la libertad de expresar sus ideas y sentimientos. Fomentemos la transparencia y la integridad como valores fundamentales que guíen nuestras acciones y relaciones.

En nuestro aniversario número ciento trece (calculando 1912 a 2025), quiero invitarlos a redoblar nuestro compromiso. Caminemos juntos en este nuevo año escolar, hombro a hombro, con determinación y entusiasmo. Avancemos juntos por aquellos aprendizajes que quedaron pendientes o que podemos profundizar; construyamos juntos las amistades que perdurarán toda la vida, fomentando lazos de compañerismo y respeto; afrontemos juntos cada nuevo reto que se presente, convirtiendo los obstáculos en oportunidades de crecimiento; persigamos juntos nuestros sueños individuales y colectivos con la convicción de que son alcanzables; y, finalmente, alcancemos juntos cada meta que nos propongamos, celebrando cada éxito como un triunfo de toda la comunidad.

Si todos sumamos nuestras energías, talentos y voluntades, todo será más fácil, más enriquecedor y más significativo. ¡Todos podremos llegar al final del año con la profunda satisfacción del deber cumplido y una nueva meta lograda! Y este será, sin duda, nuestro mejor regalo para nosotros mismos y para nuestra querida institución en este nuevo cumpleaños, un testimonio de nuestro compromiso con la excelencia y la formación integral.

Institución Santainesina: ¡ADELANTE A TRIUNFAR! Su legado es nuestra inspiración y su futuro, nuestra responsabilidad.

¡Un Homenaje a la Gloriosa Institución Educativa Emblemática y Centenaria Santa Inés!
Es con el más profundo de los respetos y una admiración sincera que nos dirigimos a la Institución Educativa Emblemática y Centenaria Santa Inés. A lo largo de sus más de cien años de existencia, esta ilustre casa de estudios no solo ha sido un faro de conocimiento, sino también un verdadero crisol de talentos y un pilar fundamental en la formación integral de innumerables generaciones de peruanos.

Su legado es un testimonio vibrante de dedicación inquebrantable, de una búsqueda constante de la excelencia académica y de un compromiso inalterable con los valores que forjan ciudadanos íntegros, con conciencia social y con la capacidad de liderar el futuro de nuestra nación. Santa Inés no es simplemente un nombre grabado en un frontis; es un símbolo viviente de tradición, de esfuerzo continuo y de una incansable vocación por la calidad educativa que ha trascendido décadas y desafíos.

Queremos extender nuestras más sinceras felicitaciones a cada persona que ha formado y que forma parte de esta prestigiosa institución. Desde sus visionarios directivos hasta sus abnegados docentes, pasando por el invaluable personal administrativo, los apasionados estudiantes de ayer y hoy, y los exalumnos que con orgullo llevan el sello de Santa Inés. Cada uno de ustedes ha sido una pieza esencial en la construcción de la grandeza de esta institución, contribuyendo a consolidarla como un referente indiscutible en el panorama educativo de nuestro país.

Que el espíritu indomable de excelencia, la curiosidad insaciable y la perseverancia que caracterizan a Santa Inés continúen inspirando a las nuevas generaciones. Que este legado de sabiduría y compromiso las guíe hacia un futuro lleno de logros personales y, sobre todo, de contribuciones significativas al desarrollo y bienestar de nuestra sociedad.

¡Larga vida a la Gloriosa Institución Educativa Emblemática y Centenaria Santa Inés! ¡Que su luz siga brillando por muchos siglos más!

Frases Inspiradoras sobre Educación
“La educación es un proceso que no termina nunca.” – Josefina Aldecoa
“La educación consiste en ayudar a un niño a llevar a la realidad sus aptitudes.” – Erich Fromm
“Enseñar es aprender dos veces.” – Joseph Joubert
“La vida debe ser una incesante educación.” – Gustave Flaubert
“Lo maravilloso de aprender algo, es que nadie puede arrebatárnoslo.” – B. B. King
“La educación no crea al hombre, le ayuda a crearse a sí mismo.” – M. Debesse
“Lo que se dé a los niños, los niños darán a la sociedad.” – Karl A. Meninger
“La verdadera educación de un hombre comienza varias generaciones atrás.” – Eleuterio Manero
“El sistema educativo se tendría que construir pensando en el desarrollo de los niños.” – Richard Gerver
“La educación es la culpable, casi siempre, de desviar a la gente de sus talentos.” – Ken Robinson
“No les evitéis a vuestros hijos las dificultades de la vida, enseñadles más bien a superarlas.” – Louis Pasteur
“El fin de la educación es aumentar la probabilidad de que suceda lo que queramos.” – José Antonio Marina
“Para educar a un niño hace falta la tribu entera.” – Proverbio africano
“Una de las peores cosas que se puede hacer con un niño es no atenderlo.” – Javier Urra
“El mejor medio para hacer buenos a los niños es hacerlos felices.” – Oscar Wilde
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