🖤 YUNGAY: DEL
DOLOR ETERNO AL OLVIDO Y LA VULNERACIÓN DE UN CAMPO SANTO 🏚
️
Reportaje especial e investigación
histórica sobre el epicentro de la tragedia de 1970 y su alarmante realidad
actual.
🏔️
PARTE I: EL DÍA QUE LA TIERRA LLORÓ Y EL MUNDO ABRAZÓ A YUNGAY
1. La víspera del silencio: Domingo, 31
de mayo de 1970
El domingo 31 de mayo de 1970 no
presagiaba el fin del mundo. Yungay, conocida legítimamente como la
"Hermosura de los Andes", amaneció envuelta en el bullicio típico de
un día de fiesta y mercado andino. Era la capital cultural del Callejón de
Huaylas; sus calles empedradas estaban flanqueadas por hermosas casonas de
adobe con techos de tejas, balcones de madera tallada y una Plaza de Armas
famosa en el continente por sus inmensas palmeras datileras, sembradas a
inicios del siglo XX.
Las familias habían bajado desde los
caseríos de las cordilleras Blanca y Negra para vender papas, maíz y tejidos
artesanales. En las radios locales sonaban los preparativos para el partido inaugural
del Mundial de Fútbol de México 70, que jugaba esa misma tarde. Los niños
corrían entusiasmados hacia el circo "Verolina", que se había
instalado en las afueras de la ciudad. A las 3:23 de la tarde, la cotidianidad
se trizó para siempre.
2. El rugido del Huascarán: Cronología
del desastre
Un violento terremoto de magnitud 7.9 en
la escala de Richter, con epicentro en la costa de Chimbote, sacudió el
departamento de Áncash durante 45 agónicos segundos. El sismo desestabilizó por
completo la cornisa norte del majestuoso nevado Huascarán, desencadenando una
secuencia mortal.
Primero ocurrió el desprendimiento. Una
masa gigantesca de hielo, roca y granito de 1,000 metros de ancho por 1,500 de
largo se desprendió del pico norte del nevado. Al caer verticalmente más de un
kilómetro, el hielo sufrió una fricción tan violenta contra las rocas que se
derritió instantáneamente, mezclándose con la tierra y transformándose en un
aluvión fluido de lodo, piedras flotantes y bloques de hielo del tamaño de
edificios.
La masa destructiva descendió por la
quebrada de Ranrahirca a una velocidad espeluznante estimada entre 280 y 340
kilómetros por hora. El trayecto de casi 15 kilómetros desde las cumbres hasta
la ciudad tomó apenas unos tres minutos. Un espeso hongo de polvo oscuro oculto
el cielo, impidiendo que los pobladores vieran lo que venía; solo se escuchaba
un rugido ensordecedor, similar al de cien aviones de combate juntos. Al llegar
a la base de la cordillera, un cerro natural desvió la masa principal directamente
hacia la milenaria ciudad de Yungay, sepultándola bajo una capa de lodo y
escombros de entre 5 y 10 metros de espesor.
3. El milagro del cementerio y el
destino de la mayoría
En medio del pánico colectivo, la colina
del cementerio general una antigua estructura prehispánica elevada se
convirtió en el único faro de esperanza. Un pequeño grupo de pobladores,
alertado por el sordo rugido de la montaña, corrió desesperadamente hacia las
escalinatas de este montículo y logró alcanzar la cima justo antes del impacto.
Ellos se salvaron y contemplaron desde lo alto, con horror e impotencia, el fin
de su mundo.
Lamentablemente, la inmensa mayoría de
la población no corrió con la misma suerte. En una dolorosa carrera contra el
tiempo que no pudieron ganar, miles quedaron atrapados en las calles, plazas y
viviendas, alcanzados en cuestión de segundos por el implacable aluvión de lodo
y roca. Las investigaciones posteriores del Instituto Nacional de Defensa Civil
(INDECI) estiman que cerca de 25,000 almas se extinguieron aquella tarde en
Yungay y sus distritos.
4. La respuesta global: El abrazo del
mundo
El dolor de Yungay se transformó en un
catalizador de la solidaridad humana en plena época de la Guerra Fría. Las
comunicaciones terrestres estaban cortadas, pero una vez que el mundo conoció
la magnitud del desastre a través de las primeras fotos aéreas, la ayuda
internacional fluyó de manera histórica.Se activó un puente aéreo internacional
donde aviones de la Unión Soviética y de los Estados Unidos aterrizaron en Lima
cargados de hospitales de campaña, medicinas y rescatistas. Trágicamente, un
avión soviético Antonov An-22 desapareció en el Océano Atlántico con 67
pasajeros y toneladas de ayuda médica con destino al Perú. Asimismo, médicos
cubanos, rescatistas franceses, ingenieros canadienses y voluntarios de todo el
globo se instalaron entre el lodo para atender a los sobrevivientes. Esta
catástrofe motivó la creación del Sistema Nacional de Defensa Civil en el Perú,
entendiendo que el país requería prevención ante la furia de su geografía.
📜
PARTE II: EL CAMPO SANTO Y EL RESURGIMIENTO EN PASHULLPAMPA
1. El estatus legal: Una necrópolis bajo
el sol
Ante la imposibilidad material de
excavar y recuperar decenas de miles de cuerpos sepultados bajo el lodo que
rápidamente se secó y compactó como cemento, el Estado peruano tomó la decisión
política y humanitaria de no reconstruir la ciudad en el mismo lugar. Yungay
viejo pasó a ser, por derecho propio, un cementerio colectivo.
El 12 de octubre de 1977, mediante la Resolución
Suprema N.° 005-77-ORDEZA, el área sepultada fue declarada formalmente como
Campo Santo Nacional y Zona Intangible. El objetivo de esta norma no era
meramente urbanístico, sino ético: salvaguardar el descanso de los caídos y
erigir un memorial vivo contra el olvido.
2. El renacer de la nueva ciudadEl dolor no detuvo el espíritu de un
pueblo que se negó a desaparecer de la historia. Poco después de la catástrofe,
los sobrevivientes iniciaron el proceso de resurgimiento y refundación de la
nueva ciudad de Yungay en una zona más segura y elevada, el sector denominado
Pashullpampa.
Fue en estas tierras donde comenzó a
latir nuevamente el corazón yungaino, levantando desde los escombros una nueva
urbe con el esfuerzo de sus hijos y el apoyo de la cooperación internacional.
Hoy, la nueva Yungay en Pashullpampa se erige como un testimonio vivo de
resiliencia y de la indomable voluntad humana de volver a empezar, justo al
lado de las cenizas de su pasado.
3. El marco de la intangibilidadLa ley es categórica respecto a lo que
constituye una zona intangible. En el papel, el Campo Santo goza de un blindaje
legal absoluto. Está terminantemente prohibia la ocupación permanente y las
invasiones, lo que significa que ninguna persona puede establecer viviendas o comercios
estables dentro del área protegida.
De igual forma, la ley prohíbe la
lotización y edificación de estructuras de concreto, ladrillo o adobe, así como
la alteración y extracción del suelo para fines agrícolas o mineros. Queda
vedado el uso del espacio como depósito de desmontes o basura doméstica, y se
restringe cualquier actividad incompatible que rompa la solemnidad, el luto y
el carácter memorial del espacio sacro. Las municipalidades locales y el
Ministerio de Cultura son los custodios legales directos de velar por el
cumplimiento estricto de este marco jurídico.
🪦
PARTE III: DONDE DESCANSAN MILES DE PERUANOS
1. La cartografía del dolor
Caminar hoy por Yungay viejo es
transitar sobre las azoteas de una urbe sumergida. Debajo de los campos donde
hoy crecen pastos y flores silvestres, yacen los restos de la sociedad yunguina
de 1970. El nivel del suelo actual apenas muestra algunos monumentos, las
cuatro palmeras sobrevivientes de la Plaza de Armas y la maleza, pero de cinco
a diez metros abajo se encuentra el nivel subterráneo con las viviendas
colapsadas, iglesias, mercados y los restos de 25,000 almas.
Allí se encuentran los restos del antiguo
Templo de Santo Domingo de Guzmán, cuyos muros coloniales cedieron ante la
fuerza del aluvión; los vehículos de la época aplastados; las aulas escolares
con sus estudiantes dentro; y hogares enteros sorprendidos en la sobremesa
dominical.
Cada cruz de metal o madera sembrada de
forma simbólica por los sobrevivientes no marca un ataúd individual; marca el
punto aproximado donde un muro o una habitación albergó la vida de sus seres
queridos. Por lo tanto, no se trata de un atractivo turístico arqueológico
común, sino de una gigantesca fosa común protegida por el respeto humano y la
dignidad nacional.
🗑️
PARTE IV: UNA MEMORIA HISTÓRICA EN RIESGO
1. El avance silencioso del olvido
Muchos años después, los ecos del
desastre parecen desvanecerse en las oficinas gubernamentales. Sobrevivientes
de la tragedia y sus descendientes, agrupados en comités de defensa de la
memoria, vienen denunciando un alarmante estado de abandono institucional.
El perímetro del Campo Santo carece de
un cerco perimétrico técnico y de vigilancia permanente. El ingreso de camiones
con basura, el arrojo clandestino de desmonte de construcción civil y la
acumulación de plásticos en las zonas colindantes han comenzado a alterar la
fisonomía del lugar. El espacio sagrado está siendo asfixiado por los residuos
de la modernidad.2. Las invasiones hormiga
A vista y paciencia de las sucesivas
gestiones municipales, se viene registrando el fenómeno de las llamadas
"invasiones hormiga". Líneas de cultivo agrícola que avanzan metro a
metro sobre el suelo intangible, instalación de corrales de animales y, lo más
grave, la cimentación de viviendas rústicas pero permanentes en los márgenes de
la zona delimitada por ley. La inacción de las autoridades ha sido interpretada
por los usurpadores como una tácita autorización para lotizar el dolor.
⚖️
PARTE V: ENTRE LA NECESIDAD Y LA FALTA DE CONCIENCIA
1. La crisis de la planificación urbana
La presión demográfica sobre la nueva
ciudad de Yungay, en Pashullpampa, es innegable. El crecimiento poblacional
genera una demanda legítima de viviendas, terrenos agrícolas y espacios
comerciales. Sin embargo, los analistas territoriales señalan que esta
necesidad social es instrumentalizada por traficantes de terrenos y mafias
locales que se aprovechan de la vulnerabilidad de las familias para empujarlas
a ocupar áreas del adyacente Campo Santo.
2. La ética frente a la necesidad
El debate no es meramente legal, es
profundamente moral. Los descendientes de las víctimas sostienen una postura
inquebrantable: la necesidad de vivienda no puede justificar la profanación
histórica.
Permitir que se construyan viviendas con
desagües y cimientos sobre los cadáveres de miles de peruanos es un acto de
olvido social extremo. La falta de un plan de desarrollo urbano por parte del
municipio local ha provocado que la línea frontera entre el respeto a los
muertos y la supervivencia de los vivos en Pashullpampa esté a punto de
borrarse por completo.
🎺
PARTE VI: ROMERÍA, COMERCIO Y PÉRDIDA DEL SENTIDO CONMEMORATIVO
1. De la liturgia al negocio de la fe
El 31 de mayo fue instituido en el
calendario cívico escolar del Perú como el Día Nacional de la Reflexión sobre
los Desastres Naturales. Originalmente, las romerías a Yungay eran procesiones
silentes, de riguroso luto, donde el Callejón de Huaylas se unía en misas de
campaña, llanto compartido y encendido de velas sobre las rocas del aluvión.Hoy, la atmósfera ha cambiado
drásticamente. Las conmemoraciones se han convertido en ferias comerciales mal
reguladas. Desde los accesos principales hasta el corazón del Campo Santo, el
espacio es tomado por la venta ambulatoria descontrolada de comida, la
instalación de carpas con venta de bebidas alcohólicas y la presencia de bandas
de música y orquestas que, bajo el pretexto de homenajes, configuran un
ambiente de fiesta patronal profana. El panorama pasó de la oración, el respeto
y el silencio, a un escenario dominado por el comercio, el alcohol y el ruido.
2. La indignación de los herederos
"Es un insulto a la memoria de
nuestros padres", confiesa con lágrimas un sobreviviente que perdió a toda
su familia cuando tenía diez años. Las borracheras públicas sobre el suelo
donde yacen sepultados miles de ciudadanos representan la desconexión total de
las nuevas generaciones con la identidad y el drama de su propio pueblo. El
turismo de masas no regulado ha comercializado el dolor, convirtiendo una
tragedia humana en un espectáculo de fin de semana.
🕯️
PARTE VII: MEMORIA, RESPETO Y RESPONSABILIDAD NACIONAL
1. El valor pedagógico de la catástrofe
El patrimonio cultural no solo está
compuesto por templos incas o casonas virreinales; la memoria del dolor
colectivo es también un pilar fundamental de la identidad de una nación. Yungay
es el símbolo del luto de los Andes de América Latina.
Especialistas en museografía y derechos
humanos sostienen que el Campo Santo debe cumplir una función estrictamente
educativa. Debería ser un espacio de alta investigación científica, geológica y
de concientización sobre la gestión de riesgos de desastres para escolares, universitarios
y científicos de todo el mundo. Cuidar Yungay es aprender a sobrevivir en un
territorio sísmicamente activo.
🖤
REFLEXIÓN FINAL: YUNGAY NO ES OLVIDO
Yungay viejo no es un espacio vacío; es
una lección perenne escrita con el lodo del Huascarán. No merece el destino
administrativo de convertirse en un botadero o en una barriada marginal.
Tampoco merece ser el patio de celebraciones ruidosas que anestesian la
conciencia colectiva.
Cada palmo de esa tierra guarda el
último aliento de una sociedad entera que desapareció en un abrir y cerrar de
ojos. El rescate de la dignidad del Campo Santo de Yungay es una tarea urgente
que compete al Ministerio de Cultura, la Municipalidad Provincial de Yungay, el
Gobierno Regional de Áncash y a cada ciudadano que pise su suelo. Recuperar el
respeto por Yungay es recuperar nuestra propia condición humana. Porque un
pueblo que olvida a sus muertos bajo la basura y la indiferencia, está
condenado a sepultar su propio futuro.
Yungay no es solamente una tragedia
escrita en las páginas del ayer. Yungay es memoria viva, es historia latente y
es, por encima de todo, la brújula de la conciencia nacional. 🖤🇵🇪
📚
FUENTES REFERENCIALES Y OFICIALES
Instituto Nacional de Defensa Civil
(INDECI): Compendios históricos y estatutos de la sismicidad en
el Perú y el sismo de 1970.
Poder Ejecutivo del Perú:
Resolución Suprema N.° 005-77-ORDEZA (12 de octubre de 1977), declaratoria de
Zona Intangible del Campo Santo de Yungay.
Archivo General de la Nación del Perú:
Fotografías aéreas oficiales del Servicio Aerofotográfico Nacional (SAN) de
junio de 1970.
Biblioteca Nacional del Perú:
Hemeroteca de los diarios El Comercio, La Prensa y Expreso (ediciones de junio
de 1970).
UNESCO: Directrices internacionales para la
gestión de sitios de memoria histórica y paisajes culturales protegidos.
Gobierno Regional de Áncash:
Planes de delimitación territorial, desarrollo de Pashullpampa y mesas de
trabajo para la conservación de la provincia de Yungay.
Testimonios orales:
Asociación de Sobrevivientes y Descendientes del 31 de Mayo de Yungay.
Instituto Geológico, Minero y Metalúrgico
(INGEMMET): Estudios de geohigienes y riesgos geológicos en el
Callejón de Huaylas.








0 comments:
Publicar un comentario